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JOCELYN CECILIA SALINAS

Jocelyn, protectora

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Era un día de trabajo normal cuando la llamada del señor José Ángeles interrumpió la rutina de Jocelyn Cecilia Salinas. La voz del cliente, cargada de premura y evidente angustia, demandaba hablar con un supervisor para levantar una queja. Estaba convencido de que la institución acababa de intentar estafarlo.


—¡Quiero hablar con un supervisor de inmediato! —exigió el señor Ángeles—. Recibí una llamada de ustedes donde me pedían enviar dinero a una cuenta para "ganar una promoción". Me sentí inseguro y colgué, pero ¡esto es inaceptable!


Jocelyn escuchó la queja con calma y tacto. Entendía la frustración, pero sabía que la clave era tranquilizarlo.


—Comprendo su enojo, señor Ángeles, y le agradezco muchísimo que haya llamado para verificar. Lo que usted describe es, efectivamente, un intento de fraude, y hizo usted lo correcto al colgar —explicó Jocelyn con voz serena.


Luego procedió a reafirmar la política de la empresa.


—Nuestra institución jamás solicita depósitos, transferencias o datos personales mediante llamadas salientes. Y, dado que usted no realizó ningún movimiento ni proporcionó información, puedo asegurarle que sus bienes están completamente protegidos.


El señor Ángeles recuperó la tranquilidad al escuchar la confirmación y la certeza de que su patrimonio no estaba comprometido.


—Muchísimas gracias por la orientación —dijo él, con el tono visiblemente aliviado—. Ahora estoy más tranquilo.


—Para que tenga un reporte formal y reciba acompañamiento especializado, lo voy a guiar por el menú al área de Prevención de Fraudes —concluyó Jocelyn, asegurando que el cliente recibiera la atención completa.


Al terminar, el señor José Ángeles agradeció profundamente la tranquilidad que Jocelyn le había brindado, demostrando que la orientación clara y la calma son las mejores herramientas ante la amenaza de fraude.

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